FAMILIA MARIANISTA
Compañia de María (SM)
“La Compañía de María, fundada por Guillermo José Chaminade, es una congregación religiosa de derecho pontificio. Está especialmente dedicada a María. Sus miembros, religiosos sacerdotes y religiosos laicos, forman una única familia…” (Regla de Vida, art.1).

“Dios, al llamarnos a ser marianistas, nos invita a seguir de una manera especial a Jesucristo, Hijo de Dios, hecho Hijo de María para la salvación de los hombres. Nuestro fin es llegar a la conformidad con Él y trabajar por la venida de su Reino”
(Regla de Vida, art.2).

“… Nos reunimos  para formar comunidades de fe y nos proponemos comunicar esa misma fe a nuestros hermanos los hombres” (Regla de Vida, art.3).

“Nos inspiramos en las palabras de María a los servidores de Caná: “Hagan lo que Él les diga”. La Compañía de María se mantiene abierta a todos los medios de evangelización; por eso nos consagramos a las actividades apostólicas a las que nos llame la Providencia según las necesidades de tiempos y lugares” (Regla de Vida, art.10).

“Nuestro objetivo principal es la formación en la fe. En particular, tratamos de motivar y preparar apóstoles, y hacer surgir comunidades de seglares comprometidos” (Regla de Vida, ar.71).


GUILLERMO JOSÉ CHAMINADE (1761-1850), sacerdote francés, desarrolló en la Diócesis de Burdeos (Francia) un ministerio siempre fiel y, a menudo, arriesgado, en los años difíciles de la Revolución Francesa. Después se encontró ante una situación apostólica totalmente nueva: ignorancia de la fe, indiferencia religiosa, abandono de la vida cristiana y descomposición de las estructuras de la Iglesia. Bajo el influjo del Espíritu Santo fue comprendiendo que, para aquellos tiempos, eran necesarios medios nuevos, instituciones nuevas, métodos nuevos y hasta un nuevo tipo de misionero.

Inspirado por el espíritu Santo, el Padre Chaminade llegó a comprender las fecundas posibilidades que una comunidad cristiana entraña para el apostolado. Una comunidad puede dar “el testimonio de un pueblo de santos, mostrando que el evangelio puede practicarse con todo el rigor de su letra y de su espíritu”. Una comunidad puede atraer a otros por su mismo género de vida, y suscitar nuevos cristianos y nuevos misioneros, que den origen a nuevas comunidades. La comunidad se convierte así en el gran medio de recristianización del mundo. De esta intuición fueron surgiendo los primeros grupos de hombres y mujeres que el Padre Chaminade fundó como congregaciones.

En esta obra el Fundador se inspiró siempre en María, contemplada en Zaragoza, Virgen fiel que acogió y meditó en su corazón la Palabra del Señor, Mujer que nos dio a Cristo, Madre que forma a todos los creyentes. María transmite la consigna de hacer cuanto Jesús nos mande. El compromiso del congregante consistía en una consagración a María, para asistirla en su misión.

Llamados por el Espíritu Santo, algunos miembros de la congregación fueron progresando en una entrega cada vez más exigente. Dieron así origen al primitivo núcleo de dos Institutos religiosos: las Hijas de María Inmaculada, que el Padre Chaminade fundó en colaboración con Adela Baz de Trenquelléon en 1816, y la Compañía de María (Marianistas) que fundó en 1817. El Padre Chaminade vio en estas dos fundaciones “el hombre que no muere” dedicado a mantener, animar y extender la red de comunidades y obras fundadas bajo su inspiración. Al conjunto de grupos vinculados de algún modo al carisma del Padre Chaminade, se les suele conocer hoy con el título genérico de “Familia Marianista”.


RELIGIOSOS MARIANISTAS EN CHILE:

Los religiosos marianistas llegan a Chile en el año 1949, asumiendo, en Santiago, la dirección del Instituto Miguel León Prado. Al año siguiente se instala otra comunidad en la ciudad de Linares para animar el Instituto Linares. De 1951 al 1974, en la misma ciudad y propiedad también de ese obispado, se dirige la Escuela San Miguel. En 1970 se asume  la dirección de la Residencia Universitaria Cardenal Caro, propiedad del Arzobispado de Santiago. En 1971 la Compañía de María se responsabiliza de la Parroquia San Miguel y del Colegio Parroquial San Miguel, en la comuna del mismo nombre, y en 1974, de otras dos Parroquias: San Juan Bautista y Ntra. Sra. Reina de los Apóstoles, ambas en la comuna Pedro Aguirre Cerda. A partir del año 1977 en que se funda el Movimiento Marianista, hoy Comunidades Laicas Marianistas, un buen número de religiosos comienzan a asesorar dichas comunidades. En 1981 se inaugura en Santiago el Centro Marianista y se traslada la casa de formación a un terreno aledaño. En 1987 se instala en Chile la Editorial SM., perteneciente al Grupo SM. En 1988, en Pejerrey, precordillera linarense, se levanta una casa de encuentros. En 1989 se asume la dirección del colegio Santa María de la Cordillera en Puente Alto. En el 2009, en la VII Región, se ha puesto en marcha el Proyecto Casa Estudio Chaminade,  con dos casas destinadas a acoger y acompañar a niños desertados de la educación formal.

Actualmente los religiosos marianistas de Chile integran la Región Marianista de Chile, cuyo superior es el P. José María Arnaiz.


NUESTRO APORTE A LA IGLESIA CHILENA

Sentido Eclesial:

La Iglesia existe para el Reino. La misión que le encargó el Señor era construir el Reino de Dios. Nosotros, los religiosos marianistas,  hemos nacido en la Iglesia para servir a Dios construyendo su Reino. Amamos a la Iglesia, nos enriquece la Iglesia y servimos a la Iglesia.

Nuestro Fundador dio pruebas de un gran amor y fidelidad a la Iglesia.
En un tiempo en que el galicanismo era casi una gloria, cuando en Francia se obligó a los sacerdotes a jurar la “Constitución Civil de Clero”, él puso en riesgo su vida, permaneciendo fiel a la Iglesia y a Roma. Luego sería elegido para reconciliar a los que un día prefirieron la seguridad y el poder político.

Siempre cooperó con sus obispos y les fue fiel, incluso en los momentos de su vida en que se sintió abandonado por alguno de ellos. Así se confiesa en su Testamento: “Yo, Guillermo José Chaminade, sacerdote de la Iglesia católica, aunque indigno, en cuyo seno he servido siempre, confieso el deseo formal, la voluntad expresa de morir en ella por la gracia de Jesucristo.”

Disponibles para la misión

Cuando los religiosos marianistas fuimos invitados a evangelizar en Chile, fueron obispos chilenos los que nos ofrecieron trabajar con ellos en colegios de su propiedad, primero en Santiago, en 1949, en el Instituto Miguel León Prado y al año siguiente en Linares, en otro colegio del obispado respectivo.

La Residencia Universitaria Cardenal Caro, RUCC, fue un nuevo desafío propuesto por el Sr. Cardenal Raúl Silva Henríquez en el año 1970. Aceptamos esta obra con alegría, porque nos parecía adecuada a los proyectos del Fundador, de reconciliar fe y cultura.

Al año siguiente, el Sr. Cardenal nos pidió hacernos cargo de la parroquia San Miguel y del Colegio Parroquial, anexo a la misma parroquia. Con el golpe militar tuvieron que partir los párrocos de las parroquias Reina de los Apóstoles, de Santa Adriana, y San Juan Bautista, de Dávila. Nuevamente aceptamos colaborar con nuestros pastores en lo que es, por nuestra naturaleza misma, una vocación: servir a los hombres desde nuestra Madre Iglesia.

Las Hermanas de Jesús, por falta de personal dejan su colegio a la Universidad Católica, pidiéndoles la construcción de uno nuevo en algún sector popular de Puente Alto. El Sr. Cardenal Francisco Fresno nos pide hacernos cargo nosotros. Nos veíamos muy pobres de personal para hacerlo responsablemente; pero apoyados por las Comunidades Laicas Marianistas y las  religiosas Marianistas, lo aceptamos, renovando una vez más nuestra fidelidad y colaboración con la Iglesia, ahora como Familia Marianista.


Con una espiritualidad mariana

La vida religiosa aporta a la Iglesia el sentido de trascendencia. Por su modo de vida, donde la oración es un elemento esencial, estamos diciendo a los hombres que, no se vive sólo de pan.

Por los votos, sobre todo el de celibato, estamos proyectando a todos los hombres a una fraternidad universal: “Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra y la practican”. La plenitud humana, se realizará en la trascendencia de Dios, en la fraternidad universal.

Como Marianistas, aportamos una espiritualidad mariana. En esta Iglesia chilena, María tiene mucha influencia en la vida del pueblo. Nosotros nos queremos identificar con ellos y acercarnos a María que nos dice: “Hagan lo que Él les diga”. 

La espiritualidad marianista es maternal. Por lo tanto misericordiosa, paciente, acogedora, esperanzadora.“No rechaza como malo lo que no es del todo bueno”, decían nuestra antigua Regla de Vida. Así somos Iglesia.

Aportamos en ella un diálogo muy cercano y fraterno entre religiosos y laicos. Hemos nacido así, como laicos y entre laicos.


Con una vida comunitaria peculiar

Por lo mismo nuestra constitución comunitaria está formada por religiosos laicos y religiosos sacerdotes con los mismos derechos y deberes. Es una comunidad fraterna que quiere acercarse a los inicios monacales de la vida consagrada donde todos eran hermanos. Esta constitución comunitaria nos facilita el diálogo con el mundo laico y su cultura.


En Alianza con María

La elección de la educación como un objetivo importante, surge en momentos en que ese servicio era casi imprescindible para el pueblo. Por lo mismo, creció en nosotros el deber de la formación profesional y religiosa, para abordar las dos opciones principales de nuestro apostolado: La promoción y defensa de la fe cristiana y el compromiso por la justicia social.

La espiritualidad marianista, significada en una Alianza mariana, tiene un carácter netamente misionero como nos lo enseña nuestro Fundador:

“Nosotros hemos comprendido este designio del cielo, mi querido hijo, y nos hemos apresurado a ofrecer a María nuestros débiles servicios para trabajar a sus órdenes y combatir a su lado”…
“…somos de una forma especial los auxiliares y los instrumentos de la Santísima Virgen en la obra de la reforma de las costumbres, del mantenimiento y  crecimiento de la fe, y por consiguiente, de la santificación del prójimo”…
“…Ella nos adopta con particular predilección. Recibe con alegría nuestra promesa especial de serle fieles y de dedicarnos a Ella (alianza) para siempre, nos alista en su milicia y nos consagra como sus apóstoles (carta de 1839).

Esta es nuestra herencia y este nuestro proyecto y compromiso con la Iglesia y con el pueblo chilenos.